En 1922, un joven Howard Phillips Lovecraft introdujo en un cuento un libro maldito que no existía en ninguna biblioteca del mundo. Un siglo después, esa invención se ha convertido en un fenómeno editorial con una nueva edición española de 648 páginas publicada este verano por Duomo Ediciones. El volumen, ilustrado por Greta Grendel y prologado por el italiano Giuseppe Lippi, reúne casi todas las menciones al Necronomicón repartidas por la narrativa lovecraftiana, organizadas en tres bloques: el sueño, el mito y el terror. Lippi lo presenta como un atlas del libro imposible, en la línea del 'Quijote' de Pierre Menard de Borges o 'El Rey de Amarillo' de Robert W. Chambers.
Lovecraft nombró el Necronomicón por primera vez en 'El sabueso' (1924), aunque su supuesto autor, el árabe Abdul Alhazred, ya aparecía en 'La ciudad sin nombre' (1921). En 1927 elaboró una cronología apocrifa que situaba la redacción original en el Yemen del siglo VIII. El propio Lovecraft reconoció en una carta a Willis Conover que tanto Abdul Alhazred como el Necronomicón eran nombres inventados. El libro fue citado en relatos como 'La fiesta', 'El caso de Charles Dexter Ward' y, sobre todo, 'La llamada de Cthulhu' y 'El horror de Dunwich', donde un personaje busca infructuosamente un ejemplar en la biblioteca de la Universidad de Miskatonic.
La ficción se convirtió en mercancía real en 1977 con el llamado Necronomicón de Simon, publicado por Schlangekraft y atribuido a Peter Levenda, propietario de la tienda esotérica neoyorquina The Warlock Shop. William S. Burroughs firmó un texto de acompañamiento, y el mago Kenneth Grant sostuvo que Lovecraft había absorbido influencias de sectas ocultistas reales. El libro ha sobrevivido al cine de Sam Raimi y a los cómics de Alan Moore, manteniendo viva una leyenda nacida como broma privada.
