La práctica de dejar el teléfono móvil boca abajo durante una conversación o reunión no es necesariamente un signo de desconfianza, sino una estrategia psicológica para minimizar la distracción. Estudios científicos demuestran que la mera presencia del dispositivo, incluso si está apagado, reduce la capacidad cognitiva y la atención disponible. Un experimento de la Universidad de Essex mostró que las parejas conversaban con menor cercanía y empatía cuando uno de los interlocutores tenía el teléfono a la vista, especialmente en temas personales. Otro estudio de la Universidad de Texas en Austin, conocido como el de 'pérdida cognitiva', reveló que los estudiantes que dejaban el móvil sobre la mesa obtuvieron peores resultados en pruebas de memoria y razonamiento que aquellos que lo guardaban en otra habitación o en el bolsillo. Sin embargo, la evidencia no es unánime: una réplica en la Universidad de Western Ontario no replicó el efecto, mientras que un metaanálisis de la Universidad de Augsburgo confirmó la reducción de la atención, destacando diferencias geográficas entre Asia y Europa. La psicología sugiere que el efecto es más fuerte en tareas complejas. Para maximizar el beneficio, se recomienda silenciar el dispositivo al girarlo, una función disponible en los teléfonos Pixel de Google desde 2019, o activar modos de concentración en iOS. No existe una solución universal para eliminar la distracción de la presencia física del móvil, pero el gesto de ocultarlo sigue siendo la medida más efectiva para mejorar la interacción humana.
