El monitor de la burbuja de la inteligencia artificial, publicado por cepr.net, alerta de un colapso inminente en el sector tecnológico de Estados Unidos, comparando las tendencias actuales de Wall Street con promedios históricos para evaluar el riesgo de una burbuja. El análisis señala que, aunque el momento exacto de la explosión es imposible de predecir, los indicadores sugieren que el mercado está a punto de sufrir una corrección severa. Este seguimiento semanal busca anticipar los posibles impactos en los mercados inmobiliarios y laborales, que suelen durar años tras el estallido de estas burbujas.
El contexto de la alerta se apoya en el precedente reciente de China, donde la burbuja ya ha colapsado. Según Reuters, el índice de tecnología de IA en el país experimentó una caída del 40 por ciento, un evento que ocurrió incluso mientras la IA china capturaba una mayor cuota del mercado mundial. La causa del colapso chino parece haber sido la duda de los inversores sobre la capacidad de las empresas para generar beneficios que justifiquen su valoración de mercado. En ese momento, la capitalización bursátil total del índice de IA de China se situaba en apenas 1,2 billones de dólares, una cifra que contrasta drásticamente con la valoración de más de 5 billones de dólares de Nvidia por sí sola y los más de 25 billones de dólares de las empresas de IA en total. Este contraste resalta la magnitud de la especulación en el mercado estadounidense actual.
En Estados Unidos, el valor actual del mercado bursátil ronda los 80 billones de dólares. Los analistas e inversores están cada vez más de acuerdo en que un colapso está inminente. Si el mercado cayera a su relación de precios a beneficios (PE) histórica, la pérdida podría ser de aproximadamente 40 billones de dólares. Es probable que las empresas de IA sufran el mayor impacto, pero el resto del mercado no escapará indemne. Para ilustrar la magnitud de la caída, se recuerda que en el colapso de la burbuja de Internet de los años 90, el NASDAQ perdió casi el 80 por ciento de su valor, mientras que el S&P 500 perdió el 50 por ciento. Incluso empresas como General Motors y McDonald's sufrieron grandes pérdidas. Además, la caída de la riqueza de los accionistas, estimada en 3 centavos por dólar, provocaría una reducción en el consumo anual de entre 900.000 y 1,2 billones de dólares, creando un vacío masivo en la demanda económica.
El análisis advierte sobre las consecuencias económicas a corto plazo: la reducción de la inversión en centros de datos, el secado del consumo impulsado por las altas valoraciones bursátiles y el deshecho de la financiación circular que impulsó el boom de la IA. Warren Buffett ha descrito esta situación como 'cuando la marea baja, descubrimos quién estaba nadando desnudo'. La pregunta clave es quién asumirá las pérdidas. El artículo argumenta que, al igual que en la crisis de 2008, el gobierno y la Reserva Federal no deben realizar rescates a las empresas de IA ni a sus financiadores, una lección que se aprendió de la respuesta a la burbuja inmobiliaria, que resultó ser una catástrofe para la economía.
En lugar de rescates, el texto propone una agenda agresiva para reactivar la economía mediante el gasto público. Se sugiere que el gobierno debe asumir déficits masivos para reemplazar la demanda generada por la burbuja de la IA, que equivale a aproximadamente 1 billón de dólares anuales. La teoría monetaria moderna sostiene que, dado que el gobierno emite su propia moneda, el límite del gasto no es la inflación, sino la disponibilidad de recursos reales, trabajo y capital. Se identifican áreas clave para el gasto, como la educación, la salud y el cuidado infantil, proponiendo modelos como la universidad gratuita o la Medicare para todos. El artículo concluye que, aunque los defensores del equilibrio fiscal gritarán, la realidad económica dicta que el gasto es la única vía para evitar una segunda gran depresión, priorizando la estabilidad social y económica sobre la protección de los intereses corporativos de la élite tecnológica.
