El meteorito Hoba, el objeto intacto más pesado conocido, se encuentra en Namibia con una masa de 60 toneladas, pero su hallazgo en 1920 plantea un misterio científico: no deja un cráter de impacto visible. Descubierta en 1920 en una granja cerca de Grootfontein, la losa de hierro y níquel de 2,7 metros de lado permaneció en su lugar original, declarada monumento nacional en 1955. A diferencia de otros meteoritos, Hoba no presenta daños evidentes en el lecho rocoso, lo que ha generado debates sobre su trayectoria.
La explicación física más aceptada sugiere que el objeto entró en la atmósfera con un ángulo muy poco pronunciado y una orientación que maximizó la resistencia aerodinámica. Un modelo de 2013 indica que, aunque su masa inicial podría haber sido de 500 toneladas, la fricción atmosférica redujo su velocidad final a menos de unos cientos de metros por segundo. Esta dinámica de 'freno' evitó la desintegración total y minimizó la energía cinética liberada al impacto. Aunque la simulación estima que el cráter original podría haber medido 20 metros de diámetro, la erosión, los sedimentos y la formación de calcreta han borrado la cicatriz en menos de 80.000 años. Hoba ofrece así una evidencia tangible de un evento cósmico, aunque la reconstrucción exacta de su caída sigue siendo un misterio debido a la falta de registros directos y de la destrucción de las marcas de impacto.
