El meteorito de Hillsborough: un tarro de cristal revela claves del origen de la vida

Fuentes: El meteorito de Hillsborough: un tarro de cristal revela claves del origen de la vida, seti.org

El 16 de julio de 2024, un meteorito convirtió una tranquila jornada veraniega en un evento científico sin precedentes al atravesar el cielo de Nueva York y estallar a 35 kilómetros de altura, esparciendo fragmentos sobre el estado de Nueva Jersey. El más notorio de esos restos, una pieza de casi un kilogramo, atravesó el techo de una vivienda en la localidad de Hillsborough y terminó depositado en el dormitorio principal, entre polvo negro y un penetrante olor a azufre. Dos años después, un equipo internacional de científicos ha publicado en la revista Science Advances el análisis de este meteorito, cuyas características podrían aportar pistas fundamentales sobre el origen de la vida en la Tierra.

El objeto es extraordinariamente raro: pertenece a la categoría de las condritas carbonáceas CM, fragmentos de cuerpos primitivos ricos en carbono y moléculas orgánicas. Dentro de esa clasificación, se sitúa en un subtipo prácticamente inédito conocido como CM ½, del que solo se conocía un ejemplar previo, recuperado en Indonesia en 2020. El meteorito de Hillsborough es, por tanto, el segundo de su tipo y, gracias a la rápida actuación del propietario de la casa, el mejor conservado. El dueño, según relataron los investigadores, recogió los fragmentos con guantes desechables, los envolvió en papel de aluminio y los introdujo en tarros de cristal, una metodología que permitió a los científicos analizarlos con un nivel de integridad excepcional.

Según el SETI Institute, la roca entró en la atmósfera terrestre a unos 14,4 kilómetros por segundo —unos 52.000 kilómetros por hora— y se fragmentó a unos 35 kilómetros de altitud. Cámaras instaladas en Connecticut y Pensilvania, junto con una cámara de timbre en Nueva Jersey, permitieron reconstruir su trayectoria hasta el borde interior del cinturón de asteroides. De los 60 observadores que reportaron el avistamiento a la American Meteor Society, 16 aseguraron sentir la onda expansiva. Un radar Doppler del aeropuerto de Newark detectó brevemente la nube de derrubios que se extendió desde Staten Island hasta Nueva Jersey, con Hillsborough en el extremo donde cayeron los fragmentos de mayor tamaño.

El verdadero hallazgo, no obstante, está en su composición. El equipo liderado por el astrónomo Peter Jenniskens, del SETI Institute y del Centro de Investigación Ames de la NASA, identificó dentro del meteorito inclusiones de tipo CM1 con altas concentraciones de sal. Esta característica indica que el material se formó en una zona superficial del asteroide progenitor donde el agua líquida se evaporó y dejó depósitos salinos. Según explican los investigadores, la sal pudo actuar como medio concentrador para la síntesis de aminoácidos y ácidos nucleicos, los ladrillos fundamentales de la vida tal como la conocemos. El meteorito presenta un 1,8% de carbono y un 0,07% de nitrógeno en peso, con proporciones isotópicas típicas de las condritas CM.

Más allá del golpe en el techo y del olor a azufre, lo que aquel propietario encontró sin saberlo fue una cápsula del tiempo de más de 4.500 millones de años. Las condritas carbonáceas CM son consideradas piezas clave del rompecabezas sobre cómo la Tierra primitiva pudo haber recibido los compuestos orgánicos necesarios para que la vida emergiera.Estudios previos de la NASA sobre muestras del asteroide Bennu ya habían detectado las cinco bases del ADN y los 14 aminoácidos presentes en la biología terrestre, reforzando la hipótesis del suministro extraterrestre. El meteorito de Hillsborough añade una pieza poco frecuente a ese argumento: evidencia directa de salmueras concentradas dentro de un cuerpo primitivo, un escenario geoquímico que hasta ahora no se había documentado con este nivel de detalle.

El episodio también ilustra el creciente valor científico y comercial de los meteoritos recuperados tras caídas presenciadas. Mientras que la trayectoria del objeto pudo reconstruirse con precisión gracias a la colaboración ciudadana y a las cámaras de vigilancia domésticas, la conservación dependió de la decisión instintiva de un vecino que, con sus tarros de cristal y su papel de aluminio, evitó que una lluvia decontamination borrara las pistas más valiosas. Ahora, los investigadores trabajan en análisis isotópicos más finos para determinar el grado en que materiales como este contribuyeron a la química prebiótica de la Tierra. Queda por ver si futuros hallazgos permitirán confirmar definitivamente la conexión entre las salmueras asteroidales y los primeros compuestos de la vida, pero lo que cayó en Hillsborough ha marcado, sin duda, un antes y un después en la investigación sobre nuestros orígenes cósmicos.