El Mediterráneo bate récords térmicos en julio y ya altera la vida cotidiana

Fuentes: El océano nunca había estado tan caliente un julio: el mar cambia para siempre y se nota en la vida diaria

El mar Mediterráneo registró en julio de 2026 las temperaturas más altas desde que existen registros, según datos de Copernicus y de la serie oceanográfica de l'Estartit, en funcionamiento desde hace más de 50 años. El 7 de agosto de 2026, el termómetro marcó 26 °C en superficie y 24,6 °C a 20 metros de profundidad, lo que supone 2,7 y 3,9 grados por encima de la media, respectivamente. El calor penetra en la capa de mezcla, que en el Mediterráneo pierde 0,132 metros de grosor al año, lo que reduce su capacidad de repartir la temperatura y agrava las olas de calor marinas. En el golfo de León, con vientos del sudeste, se han medido subidas de más de ocho grados a 30 metros de profundidad. Las consecuencias llegan a tierra: el aeropuerto de Barcelona promedia 80 noches tropicales al año en la última década, frente a las 19 de media entre 1950 y 1980, y el Ministerio de Sanidad atribuyó 3.832 muertes al exceso de temperatura en 2025, un 87,6 % más que en 2024. Un estudio publicado en Nature calcula que el calentamiento del mar aportó un 22,2 % más de energía convectiva, un 12,6 % más de eficiencia de precipitación y un 55 % más de superficie bajo aviso rojo durante la DANA del 29 de octubre. Los ecosistemas marinos también sufren: la posidonia retrocede, los mejillones mueren —se perdieron 400.000 kilos en el delta del Ebro este año— y los bancos de peces desaparecen. El artículo advierte de que la "tropicalización" del Mediterráneo no equivale a un paraíso turístico, sino a una desertificación del mar con efectos directos sobre la salud, la meteorología y la biodiversidad.