Un nuevo mapa corológico desmiente la teoría histórica de que el castaño fue introducido en Europa por los romanos o por comerciantes asiáticos, confirmando que esta especie estaba presente en gran parte del continente antes del último periodo glaciar. El estudio, basado en inventarios forestales y literatura científica, identifica las zonas nativas del árbol en el noroeste ibérico, los Alpes, los Balcanes meridionales y el sur del mar Negro, áreas donde el castaño sobrevivió a las glaciaciones y recolonizó el continente desde refugios en Turquía.
La distribución actual se divide en áreas nativas, representadas en verde, y zonas introducidas y naturalizadas desde el Neolítico, marcadas en naranja. Estas últimas dominan el centro y el oeste continental, incluyendo Francia, el Reino Unido, el valle del Rin y las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia. El clima templado con lluvias abundantes limita su presencia en los países nórdicos y el este europeo. Este conocimiento es crucial para la conservación de la diversidad genética del castaño, protegiéndolo de amenazas como el chancro y el cruce con especies asiáticas. Además, los bosques de castaño están listados en la Directiva Hábitats de la Unión Europea, obligando a los estados miembros a designar zonas de protección. Sin embargo, el cambio climático presenta un escenario incierto: aunque el castaño podría ampliar sus fronteras, los modelos proyectan una reducción de las zonas adecuadas en la península ibérica, especialmente en la franja mediterránea.
