Un estudio publicado en PNAS en 2025 ha confirmado que el reactor nuclear del submarino soviético Komsomolets, hundido el 7 de abril de 1989 a casi 1.700 metros de profundidad en el mar de Noruega tras un incendio, sigue emitiendo radionúclidos de forma intermitente. La investigación, basada en muestras recogidas en 2019 por el ROV Ægir 6000 del Instituto Noruego de Investigación Marina, concluyó que el agua de mar ha alcanzado el material fisible y que los conjuntos que contienen el combustible están dañados. Las concentraciones más elevadas se detectaron junto a un conducto de ventilación y una rejilla próxima, aunque el material se diluye rápidamente y no hay evidencia de acumulación significativa en el entorno del pecio, ni rastros de plutonio de grado militar en la zona de proa donde se alojan las dos ojivas nucleares.
El Komsomolets, botado en 1983 con casco de titanio y capacidad para operar a más de 1.000 metros, fue la única unidad construida de su clase. En el accidente murieron 42 de sus 69 tripulantes. En 1994, una expedición rusa selló con placas de titanio los seis tubos lanzatorpedos y algunos orificios de proa; esa contención seguía aparentemente intacta en la inspección de 2019. Los expertos descartan una detonación nuclear espontánea, pero la corrosión podría permitir a largo plazo la fuga de plutonio. La Autoridad Noruega de Seguridad Nuclear no contempla por ahora una nueva operación de contención y apuesta por mantener la vigilancia periódica del pecio.
