El submarino nuclear Komsomolets, una bomba radiactiva latente en el fondo del mar de Noruega

Fuentes: El Komsomolets sigue siendo un peligro: la historia del submarino nuclear que se convirtió en una "bomba de relojería"T2

El submarino nuclear soviético K-278 Komsomolets, hundido en 1989 tras un incendio que mató a 42 de sus 69 tripulantes, sigue siendo una amenaza radiactiva en el lecho del mar de Noruega, a unos 1.680 metros de profundidad. Así lo confirma un estudio publicado en marzo en la revista PNAS, que inspeccionó el pecio y comprobó que el reactor continúa liberando pequeñas cantidades de material radiactivo en ráfagas esporádicas desde puntos concretos del casco, cada vez más deteriorado por la corrosión. Aunque los torpedos con ojivas nucleares permanecen sellados, los investigadores advierten de que la degradación del reactor puede elevar los niveles de radiación con el paso del tiempo. Los autores del trabajo recomiendan nuevas investigaciones para esclarecer los mecanismos de las emisiones, los procesos de corrosión interna y el destino del material nuclear aún contenido en el reactor. La alarma no es nueva: en 1993, el activista de Greenpeace Dimitri Litvinov ya describió el sumergible como "una bomba de relojería" en un reportaje de la BBC, y durante décadas diversos expertos han reclamado medidas urgentes. Las autoridades soviéticas llegaron a afirmar que cualquier fuga era insignificante, una versión que los estudios posteriores desmienten. El Komsomolets entró en servicio en 1983 como un submarino único por su capacidad para operar a más de 1.000 metros y por su casco interior de titanio, y su caso se ha convertido en referencia sobre los riesgos ambientales de los residuos nucleares sumergidos.