El incendio declarado en Los Gallardos (Almería) se ha convertido en el más mortífero del siglo XXI en España, con una docena de fallecidos, unas 6.600 hectáreas calcinadas y 1.405 personas desalojadas. Muchas víctimas aparecieron dentro de sus coches, atrapadas en un camino sin salida, mientras la Guardia Civil trabaja en la identificación de los cuerpos y los equipos del INFOCA intentan extinguir por completo las llamas.
Desde la madrugada del viernes, la hipótesis de que un cable eléctrico partido originó el fuego cobró fuerza. Endesa desplazó a un equipo técnico y concluyó que el cable no pertenecía a su red; Red Eléctrica añadió que tampoco formaba parte de la red de transporte. Los peritos señalan que se trataba de una acometida privada de baja tensión que abastecía al restaurante abandonado Bar Anita, dado de baja en 2009 y, en teoría, sin tensión, lo que hace físicamente imposible que generase chispas.
El caso ha puesto el foco en un problema estructural: los tendidos eléctricos sin titular claro. En California, los cables explican cerca de la mitad de los incendios más destructivos pese a representar menos del 10% de las igniciones. En Aragón causaron en torno al 10% de los fuegos accidentales este año. Tras los incendios de Guadalajara de 2005, el Estado obligó a revisar y desbrozar las líneas, pero España destina unos 400 millones anuales a prevención forestal, una cifra que expertos consideran entre diez y quince veces inferior a lo necesario.
