El uso de dispositivos móviles antes de dormir genera efectos significativos en la salud visual y el ciclo circadiano, aunque los mitos sobre la ceguera irreversible no tienen base científica sólida. La principal preocupación oftalmológica no es el daño permanente a la retina por la luz azul, sino la fatiga visual digital, que afecta al 50% o más de los usuarios. Esta condición se manifiesta mediante problemas acomodativos y sequedad ocular, provocada por la reducción del parpadeo a la mitad de su frecuencia habitual al fijar la vista en una pantalla. Además, el uso de smartphones con luz tenue eleva la presión intraocular un 24,7% en 15 minutos, un efecto que puede ser peligroso para personas con glaucoma, aunque la presión normaliza tras dejar el dispositivo. En cuanto a la salud macular, las revisiones Cochrane indican que no existe evidencia concluyente de que las gafas con filtro azul prevengan la fatiga visual ni protejan la mácula. El efecto más documentado y relevante es el impacto en el reloj biológico: estudios de la Universidad de Harvard demuestran que leer en pantallas retrasa la conciliación del sueño, reduce su calidad y suprime la secreción de melatonina. Por tanto, la recomendación médica prioriza la limitación del uso nocturno para proteger el sueño, más que para evitar daños oculares permanentes.
