La proliferación de la inteligencia artificial ha desplazado las tareas mecánicas del sector administrativo, dejando el 'gusto' o juicio estético como principal diferenciador humano. Un ingeniero de software analiza este concepto definiéndolo como una intuición derivada de la experiencia que permite distinguir lo bueno de lo malo sin explicación lógica explícita. El autor cita a Richard Hamming y su libro 'The Art of Doing Science and Engineering', quien argumentó que el estilo técnico no se enseña con definiciones, sino mediante ejemplos concretos de trabajo bien hecho.
El debate se ha intensificado recientemente con la popularización del término 'vibe coding' por Andrej Karpathy y los memes sobre Rick Rubin, reflejando la sensación de obsolescencia técnica entre los desarrolladores. La IA puede generar miles de soluciones para problemas verificables rápidamente, pero en dominios donde la validación es subjetiva o imposible, la capacidad de discernimiento humano sigue siendo un foso competitivo temporal. El autor concluye que, aunque la IA podría eventualmente imitar este criterio, el gusto escaso y difícil de etiquetar en los datos de entrenamiento protege actualmente a una minoría de profesionales. Esta reflexión motivó al escritor a transicionar hacia el emprendimiento, donde puede aplicar su juicio estético en decisiones de producto, arquitectura y organización, más allá del código puro.
