El gusto es lo único que queda en la ingeniería del software

Fuentes: Taste Is All That's Left

Ensayo reflexivo sobre cómo la inteligencia artificial generativa ha eliminado la barrera de producción que durante décadas definió el oficio de programar. Durante generaciones, el coste de fabricar software actuaba como filtro: exigía horas de tecleo, lectura de manuales y depuración, de modo que cualquier producto que llegara a existir había sobrevivido, como mínimo, el precio de ser creado. Ese suelo ha desaparecido: hoy se puede describir una idea y recibir una versión verosímil más rápido de lo que antes se tardaba en escribir la primera función. El problema, argumenta el autor, no es la calidad de la máquina, sino que lo «suficientemente bueno» disuelve el incentivo para hacerlo mejor.

A partir de ahí, el ensayo define el gusto como el veredicto comprimido e instantáneo que distingue lo correcto de lo plausible, y lo emparenta con el concepto de Calidad que Robert Pirsig desarrolló en «Zen y el arte de la mantenimiento de la motocicleta». El gusto no es decorativo: es lo único del trabajo que nunca fue mecánico, porque se construye precisamente con la fricción que la IA elimina. Quien aprende sin esfuerzo no atraviesa el aprendizaje que el esfuerzo impartía, y queda tan fluido como incompetente para distinguir lo que merece existir.

El texto denuncia además la crueldad económica del nuevo escenario: quien tiene gusto envía el trabajo de vuelta porque «plausible» no es lo mismo que «correcto», y entretanto el colega sin gusto ya ha publicado, cerrado el ticket y seguido adelante. El mercado mide a ambos con el mismo cronómetro y no percibe la diferencia, porque los desastres evitados no dejan rastro. Aplicando la ley de Sturgeon —el noventa por ciento de todo es basura— y la distinción de Harry Frankfurt entre mentiroso y productor de bullshit, el autor concluye que, retirada la fricción que regulaba la producción, el ruido se ha vuelto infinito. La habilidad escasa ya no es fabricar, sino elegir qué, entre lo plausiblemente generado, merece conservarse.