El primer ministro entrante del Reino Unido, Andy Burnham, ha confirmado el abandono del programa de tarjetas de identidad digitales anunciado el año pasado por su predecesor, Keir Starmer. El Ejecutivo ha decidido reasignar los fondos previstos —1.800 millones de libras (unos 2.400 millones de dólares) a lo largo de tres años— a una rebaja fiscal destinada a reducir las facturas eléctricas de los hogares ante el aumento del coste de vida. El recién nombrado ministro de Finanzas, John Healy, explicó que la medida busca ofrecer «aire en las facturas y tranquilidad este invierno».
Starmer había impulsado el plan con el argumento de que las identificaciones estatales permitirían perseguir el empleo irregular de migrantes y modernizar el acceso a los servicios públicos. La iniciativa generó una contundente oposición ciudadana: una petición parlamentaria reunió cerca de 3 millones de firmas, la segunda más numerosa en la historia del sistema de peticiones del Parlamento británico. Críticos y detractores advirtieron de que el sistema podría habilitar mecanismos de vigilancia masiva.
El proyecto recuerda al intento fallido de tarjetas de identidad impulsado en los años 2000 bajo el Gobierno de Tony Blair, que fue cancelado en 2011 por la coalición opositora que llegó al poder tras las elecciones generales. Starmer anunció su intención de dimitir como primer ministro el 22 de junio y fue sustituido formalmente por Burnham el lunes.
