El autor reflexiona sobre la relación entre la aversión al tacto y la salud mental en la generación más joven, argumentando que la correlación estadística sugiere que la falta de contacto físico suele acompañarse de problemas de ajuste social, como la depresión o el aislamiento. El texto analiza cómo la presión social y la cultura escolar pueden distorsionar las preferencias individuales, usando la experiencia personal de elegir un instrumento musical como metáfora de las decisiones difíciles que enfrentan los jóvenes en un entorno social complejo. El autor advierte contra la solución simplista de imponer preferencias ajenas a la persona, señalando que las estrategias de afrontamiento, aunque a veces patológicas, son necesarias para evitar un deterioro aún mayor. El ensayo concluye que, aunque el mundo actual presenta desafíos significativos, la respuesta adecuada no es ignorar los problemas ni forzar soluciones, sino comprender la complejidad de las respuestas humanas a las circunstancias adversas y evitar espirales viciosas de auto-afrentamiento.
