El director de Arm asegura que la escasez de chips frena los avances de la IA contra el cáncer

Fuentes: theguardian.com, bbc.comT1state_media, AI cancer cures slowed by chip shortage, says UK's biggest tech boss

El director ejecutivo de Arm Holdings, Rene Haas, advirtió en una entrevista exclusiva con la BBC que la escasez mundial de chips está frenando el avance de la inteligencia artificial en áreas críticas como la investigación contra el cáncer, al tiempo que auguró que la IA encontrará una cura para esta enfermedad durante la vida de la generación actual. Haas, al frente de la mayor empresa tecnológica con sede en el Reino Unido, aseguró que modelar el impacto de un marcador de ADN en el cáncer es un problema "demasiado complejo" tanto para los humanos como para los ordenadores actuales, pero sostuvo que los avances en capacidad de procesamiento permitirán resolverlo en el futuro.

El máximo responsable de la firma de diseño de chips con sede en Cambridge explicó que la tecnología de Arm —presente en cientos de miles de millones de teléfonos, coches y dispositivos electrónicos— ya se utiliza en la mitad de los centros de datos de inteligencia artificial del mundo. Según Haas, la compañía atraviesa un momento de transformación histórica: en cuestión de meses, su valor bursátil durante el auge de la IA la convirtió en la empresa británica más valiosa de la historia en términos de capitalización. Además, la demanda de su nuevo chip Arm AGI, desarrollado para Meta, ha superado los 2.000 millones de dólares desde su lanzamiento en marzo.

No obstante, el ejecutivo señaló que el sector se encuentra en un "entorno absolutamente limitado por la oferta". Para sostener proyectos como los centros de datos multigigavatio planeados en Francia, Estados Unidos o incluso en el espacio, advirtió, son necesarias más fábricas de semiconductores. Haas se mostró escéptico respecto a la posibilidad de que el Reino Unido acoja parte de esa capacidad de fabricación, actualmente concentrada en el gigante taiwanés TSMC. "No creo que sea necesario que el Reino Unido construya fábricas. Son muy caras, requieren mano de obra muy especializada y consumen muchos recursos naturales", argumentó, pese a las conversaciones que el Gobierno británico mantiene con la industria para atraer parte de la cadena de suministro.

La visión optimista de Haas sobre el potencial de la IA en medicina no es compartida por completo en la comunidad científica. El profesor Chris Bakal, del Instituto de Investigación del Cancer de Londres y director ejecutivo de Sentinal4D, ofreció una perspectiva complementaria al señalar que la verdadera cuestión ya no es si se utiliza IA, sino con qué datos se alimenta. "El futuro de la IA médica no pertenecerá a quien construya el ordenador más grande, sino a quien tenga las mediciones correctas", afirmó Bakal, cuyo laboratorio entrena modelos con datos generados a partir de muestras de pacientes, no extraídos de internet. Según el investigador, este tipo de predicciones podría acortar años en el desarrollo de nuevos tratamientos.

En un plano más económico, Haas también descartó los miedos a una corrección bursátil en el sector de la IA, atribuyéndola a la demanda a largo plazo, y relativizó las predicciones apocalípticas sobre la destrucción masiva de empleo. "Las estimaciones de puestos de trabajo que desaparecerán y serán reemplazados por máquinas están algo exageradas", sostuvo, aunque reconoció cambios profundos en el mercado laboral. El directivo auguró que en menos de una década los robots humanoides autoprogramables serán habituales en sectores como la fabricación, la limpieza, la seguridad, la construcción o las reparaciones, con capacidad de aprender y reorganizarse para nuevas tareas, como hacer una cama o colocar toallas en una habitación.

El contexto añade un matiz relevante: Haas dejó en abril el consejo de administración del gigante farmacéutico británico AstraZeneca, lo que refuerza su perfil como puente entre el sector tecnológico y el sanitario. Arm, adquirida por la japonesa SoftBank en 2016 y posteriormente cotizada en el Nasdaq de Nueva York en lugar de Londres, mantiene nevertheless a la mitad de su plantilla en el Reino Unido y sigue siendo, según Haas, "con diferencia, el mayor empleador de Cambridge". Esa decisión sigue generando resquemor entre ministros británicos que lamentan la pérdida del símbolo tecnológico nacional. Mientras la industria debate dónde y cómo fabricar los chips que demanda la revolución de la IA, el mensaje de Haas deja claro que la capacidad de cómputo será el cuello de botella que determinará el ritmo de innovaciones tan ambiciosas como la curación del cáncer.