Un desarrollador de software describe cómo, tras más de un año usando modelos de lenguaje a diario en su trabajo y en casa, ha comenzado a experimentar un agotamiento específico: lo que él llama "burnout por LLM". Su rutina habitual incluye delegar partes del código a Claude Code y Codex, revisar la salida y asumir un rol más cercano a la supervisión que a la escritura directa. También recurre a ChatGPT o a los resúmenes de Gemini para consultas rápidas.
Aunque admite mayor productividad y una ampliación de sus áreas de comfort, señala un cambio de disposición en los últimos meses: leer texto generado por IA se ha vuelto tedioso. Le molestan los mismos patrones repetitivos: suposiciones falsas, alucinaciones, fragmentos entrecortados y enfáticos, y un uso excesivo de emojis. Individualmente cada defecto es llevadero, pero la repetición acumulada lo hastía.
El autor matiza que su queja no es una condena de los modelos —los humanos también cometen errores—, sino del cansancio que provoca enfrentarse una y otra vez al mismo estilo y a los mismos fallos. Las opciones de personalización solo mitigan parte del problema y no puede controlar el contenido que terceros generan. Por ahora, reconoce, aguantará como pueda hasta encontrar una solución.
