La construcción de centros de datos para inteligencia artificial avanza a un ritmo sin precedentes, pero su principal obstáculo no es la falta de electricidad en Estados Unidos, sino la conexión de esas instalaciones a la red eléctrica. El proyecto Stargate en Abilene, Texas, una iniciativa conjunta liderada por OpenAI y Softbank con un presupuesto superior a 40.000 millones de dólares, ilustra la magnitud del desafío: потребará 1,2 gigavatios en picos de demanda, el equivalente al consumo de 313.000 hogares estadounidenses medios.
El artículo de Works in Progress argumenta que el verdadero cuello de botella es administrativo y de infraestructura. El proceso de interconexión a la red —los estudios de impacto y las obras de refuerzo necesarias antes de conectar una nueva instalación— se diseñó para un sistema eléctrico del siglo XX. En 2005, una central esperaba menos de 20 meses para conectarse; en 2023, la mediana había subido a 55 meses. Además, las colas funcionan por orden de llegada y no premian a proyectos dispuestos a autoabastecerse puntualmente.
Más allá de los centros de datos, la electrificación avanza en toda la economía: vehículos eléctricos, robótica, fabricación de baterías y semiconductores. Los responsables de Nvidia, Meta y OpenAI coinciden en que el límite inmediato de la IA es la energía disponible, no los chips ni el capital. El texto defiende que reformar los procedimientos de interconexión y reforzar el transporte eléctrico es condición necesaria para sostener la siguiente oleada tecnológica.
