El propulsor de pulso nuclear es un concepto de ingeniería nacido a finales de la década de 1940 en Los Álamos, cuando el matemático Stanisław Ulam esbozó la idea de una nave acelerada por pequeñas explosiones nucleares. Más tarde, Freeman Dyson y Ted Taylor lo desarrollaron en General Atomics bajo el nombre de Proyecto Orion, que llegó a probar prototipos con explosivos convencionales en 1959 y estuvo a punto de ejecutar ensayos atómicos antes de quedarse sin financiación en 1964. El diseño original plantea una nave de 4.000 toneladas con una placa de empuje que absorbe el impacto de bombas de fisión de 0,1 a 3 kilotones detonadas a unos 100 metros, una o dos veces por segundo. Cada explosión añade alrededor de 30 km/h a la velocidad, lo que permitiría salir de la atmósfera con unas 200 bombas y alcanzar la órbita terrestre con unas 600 más. La masa de propelente es muy reducida: la relación de masa ronda el 1,5, frente al 540:1 del Saturn V, lo que abre la posibilidad de misiones tripuladas a Marte con carga de miles de toneladas, viajes a Encélado, Calisto o Europa, o el envío de 10.000 toneladas a la órbita terrestre media, todo en vehículos reutilizables y con protección radiológica adecuada. Sus principales retos son de carácter político y operativo: la gestión de una bomba fallida, la prevención del arranque prematuro de la cadena de detonaciones, el riesgo de contaminación radiactiva, las negociaciones internacionales y, en definitiva, la voluntad de construirlo. El artículo repasa su funcionamiento, las misiones que haría posibles y los modos de fallo, y concluye que Orion resolvió todos los problemas de los cohetes químicos sustituyéndolos por otros más grandes y más aterradores.
El cohete de pulso nuclear: la nave que nadie se atreve a construir
Fuentes:
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