El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán, iniciado en marzo de 2026, ha desencadenado una crisis sistémica que afecta simultáneamente a la seguridad energética, los precios de los combustibles y la disponibilidad de alimentos. Según la Agencia Internacional de la Energía, el tráfico de petroleros a través del estrecho ha caído más del 90%, lo que ha provocado un aumento del 19% en el precio del crudo Brent en un mes, alcanzando los 108 dólares por barril a mediados de septiembre. Esta interrupción ha impactado directamente en Europa, donde el precio del diésel en Estados Unidos superó los 6 dólares por galón y Francia registró el 15% de estaciones sin combustible, atribuido a la rápida vaciado de tanques por parte de conductores ante el encarecimiento. Además, la escasez de fertilizantes, transportado a través del estrecho, amenaza con reducir los rendimientos agrícolas hasta 2027, con la FAO advirtiendo de que la inseguridad alimentaria podría afectar a 45 millones de personas más. En Polonia, aunque el país es autosuficiente en gran parte de los alimentos, los precios locales de trigo y maíz han subido un 28% y un 36% respectivamente, debido a la dependencia de mercados globales donde el costo de los insumos ha disparado. La situación se agrava por la dependencia europea del gas de Qatar, cuya capacidad de exportación se ha reducido un 17% debido a daños por drones, y por la incapacidad de los sistemas de almacenamiento para absorber la volatilidad de los precios energéticos.
