El conflicto armado entre Estados Unidos e Israel en Irán ha provocado un aumento significativo en el precio del crudo, que pasó de 66 a 101 dólares por barril en abril de 2026, debido al cierre del Estrecho de Ormuz. Este incremento, que afecta a toda la cadena de suministro global, redirige la mayor parte de los ingresos adicionales hacia las empresas petroleras y los gobiernos de los países productores. En el Golfo Pérsico, donde los costos de producción son bajos, las ganancias se traducen en fuertes beneficios para las corporaciones y, en el caso de Arabia Saudí, en mayores ingresos fiscales para el Estado. En el Golfo de México, las empresas de la región de Permian obtienen una ganancia inesperada, distribuyendo los fondos a los accionistas mediante dividendos y reinversiones en la infraestructura de extracción. En el Mar del Norte, los beneficios se reparten entre los accionistas privados y los gobiernos británico y noruego, este último mediante el Fondo Global de Pensiones, que gestiona más de 2 billones de dólares. Por su parte, Rusia enfrenta sanciones que limitan el transporte de su petróleo a menos de 60 dólares por barril, beneficiando principalmente a sus oligarcas y al complejo militar-industrial bajo el control de Vladimir Putin, mientras que el resto de la población rusa no se ve afectada directamente por este mecanismo.
