Europa sufre este verano temperaturas más altas de lo habitual, y una de las razones menos conocidas es que el cielo del continente está más limpio de lo que ha estado en el último medio siglo. El divulgador Jorge Alcalde, en la COPE, recordó que el calentamiento europeo avanza a 0,56 grados por década desde los años noventa, casi el doble de la media mundial (0,27 grados). La reducción de la contaminación por aerosoles, especialmente los sulfatos de la quema de combustibles fósiles, hace que llegue más radiación solar al suelo, lo que incrementa las temperaturas. En el noreste peninsular, la radiación solar ha subido 2,5 W/m² por década desde finales de los ochenta, según un estudio en Girona.
Copernicus atribuye el calentamiento acelerado a la circulación atmosférica, la menor superficie nevada, la cercanía al Ártico, la caída de aerosoles y los gases de efecto invernadero, que explican la mitad del aumento de las olas de calor. Los autores insisten en que la contaminación no enfriaba el clima, sino que ocultaba un calentamiento ya en marcha, a costa de la salud pública: cumplir los límites de partículas finas de la OMS evitaría unas 182.000 muertes prematuras anuales en la UE. Revertir la limpieza del aire para tapar el problema, concluyen, no es una solución: el CO2 permanece siglos en la atmósfera, mientras que los aerosoles solo días.
