Las olas de calor que azotan Europa, con temperaturas que superan los 40 grados, están poniendo en jaque a la industria del queso Parmigiano Reggiano en Italia. Las vacas afectadas comen menos, permanecen más tiempo tumbadas y producen hasta un 10% menos de leche, el ingrediente esencial de este queso. Los ganaderos han tenido que reforzar la ventilación de los establos con ventiladores y nebulizadores, lo que ha disparado la factura energética de las granjas.
El problema se extiende a las instalaciones de maduración, conocidas como el "Banco del Parmigiano", donde el consumo eléctrico para mantener la temperatura óptima de las ruedas ha crecido hasta un 30%. Giancarlo Ravanetti, director de una de estas plantas que almacena medio millón de ruedas valoradas en 300 millones de euros, explica que han modernizado los sistemas de refrigeración, el aislamiento de los edificios y la producción de energía renovable.
A la falta de pasto se suma la sequía: el calor y la ausencia de lluvias impiden cultivar la hierba necesaria para alimentar al ganado, requisito obligatorio para mantener la denominación de origen en las cinco provincias autorizadas de Emilia-Romaña. El presidente del Consorcio Parmigiano Reggiano advierte de que, sin lluvia, no hay heno ni leche suficiente para elaborar el queso.
Esta industria genera alrededor de 4.500 millones de euros anuales, de los cuales la mitad procede de exportaciones, con Estados Unidos como principal cliente. Paolo Ganzerli, director de ventas del grupo GranTerre, lamenta que los fenómenos extremos, si se intensifican, elevarán los costes y pondrán en riesgo cantidad y calidad de la leche. La frase que resume el sentir del sector la pronuncia el propio Ganzerli: "El Parmigiano Reggiano existe desde hace más de 800 años. No queremos ser la última generación en comerlo".
