China, el mayor mercado mundial de vehículos eléctricos, afronta una consecuencia de su propio éxito: una ola creciente de baterías al final de su vida útil. Las ventas anuales de coches enchufables pasaron de alrededor de un millón en 2018 a más de 16 millones en 2025, y, con baterías que duran unos ocho años, el país entra en su primera gran oleada de retiros.
En 2025 se reportaron 400.000 toneladas métricas de residuos de baterías de vehículos eléctricos. Un estudio conjunto de investigadores chinos y estadounidenses estima que la cifra podría alcanzar 1,69 millones de toneladas en 2030 y 22,39 millones en 2040.
Aunque China comenzó a construir un sistema formal de reciclaje en 2018 y más de 150 empresas están certificadas, las plantas autorizadas solo procesaron el 25 % de las baterías retiradas en 2023, a pesar de contar con capacidad suficiente. Más de 100 de esas empresas ya no operan o no responden, según una investigación de Yicai. La mayor parte del flujo sigue yendo a recicladores no certificados, que pagan más por las baterías usadas y eluden costes de seguridad, lo que provoca contaminación, incendios y riesgos laborales.
Investigadores de la Universidad de Maryland y de Worcester Polytechnic Institute describen la lucha contra el mercado informal como una "batalla perdida" y urgen a los fabricantes a asumir más responsabilidad. Una nueva normativa nacional entró en vigor el 1 de abril para encauzar las baterías retiradas hacia canales certificados, siguiendo un modelo similar al "pasaporte de baterías" europeo.
