En China crece un nuevo perfil laboral conocido como "hijos subcontratados": adultos jóvenes, en su mayoría de entre 20 y 30 años, que ofrecen compañía y asistencia a personas mayores a cambio de una tarifa que oscila entre 29 y 88 euros por sesiones de tres horas. No son enfermeros ni cuidadores profesionales: charlan con los ancianos, los acompañan al médico o a la compra y les ayudan con tareas cotidianas como configurar el teléfono. Su principal función es combatir la soledad.
El fenómeno se anuncia en redes sociales y se ha expandido con rapidez: un grupo iniciado en Dalian con nueve personas pasó en pocos meses a cientos de miembros y se extendió a otras regiones. La mayoría de los contratantes no son los propios ancianos, sino sus hijos, que han emigrado a otras ciudades o países y no pueden hacerse cargo de sus padres.
El contexto demográfico explica el auge. La política del hijo único (1979-2015) dejó a una generación sin hermanos que ahora debe cuidar a progenitores y vástagos a la vez. Además, el 90% de los mayores chinos prefiere envejecer en su hogar, y la OMS proyecta que en 2040 habrá más de 400 millones de personas mayores de 60 años, el 28% de la población. El sector carece de regulación, por lo que algunos cuidadores trabajan con cámaras o exigen cartas de autorización, y expertos advierten del déficit de enfermeras geriátricas que se avecina.
