El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) ha multiplicado su gasto en tecnologías de vigilancia e identificación durante el segundo mandato de Donald Trump, hasta alcanzar cifras históricas en 2026. Según un informe recogido por The Guardian, los contratos del ICE y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) con proveedores de tecnología pasaron de poco más de 310 millones de dólares en 2025 a unos 513 millones en 2026, tras analizar once adjudicaciones a empresas especializadas.
Gran parte de esa expansión se concentra en compañías como Palantir, dedicada al análisis masivo de datos, y Anduril, fabricante de sistemas de vigilancia con inteligencia artificial, drones, sensores y torres de monitoreo para el control fronterizo. La integración de estas herramientas permite combinar inteligencia artificial, reconocimiento biométrico, análisis predictivo y grandes bases de datos para localizar y monitorizar a inmigrantes en tiempo real.
Las organizaciones responsables del informe advierten de que este crecimiento suscita dudas sobre la privacidad y los derechos civiles, ya que la recopilación masiva de datos no se limita a personas en situación irregular, sino que puede extenderse también a ciudadanos estadounidenses. Los autores piden abrir un debate público sobre los límites legales y éticos de un sistema que, sostienen, se ha convertido en uno de los más avanzados del mundo.
