El lanzamiento la semana pasada de dos modelos de inteligencia artificial chinos —Kimi K3, de la startup Moonshot AI, y Qwen3.8, del gigante Alibaba— reavivó la inquietud en mercados y medios estadounidenses. Titulares de Associated Press, Bloomberg y Business Insider los calificaron de sorpresa para la industria tecnológica de EEUU y los compararon con el lanzamiento del satélite soviético Sputnik y con DeepSeek. Moonshot afirma que su modelo solo queda por detrás de GPT-5.6 Sol, de OpenAI, y Claude Fable 5, de Anthropic, y lo ofrece a 15 dólares por millón de tokens de salida, frente a los 30 y 50 dólares de sus rivales. Alibaba describió Qwen3.8 como uno de los modelos más potentes del momento. Ambos fabricantes planean publicarlos en abierto, en contraste con el enfoque cerrado de los principales laboratorios estadounidenses. La diferencia de precio no implica automáticamente menor coste total, ya que los tokens no son directamente comparables y las empresas suelen subsidiar la inferencia. EEUU debería haber previsto estos avances: seis de los diez principales modelos en el ranking de OpenRouter son chinos, las empresas estadounidenses ya recurren a herramientas chinas por su menor coste y Beijing ha respaldado con incentivos y fondos un plan estatal de IA, mientras Washington alterna entre controles de exportación poco coordinados y una política laissez-faire.
