Una crónica visual de la visita a dos museos estadounidenses que custodian, cada uno a su manera, la memoria cultural de la tecnología y del ocio. El primero es el Large Scale Systems Museum, situado cerca de Pittsburgh: un espacio de historia de la informática gestionado íntegramente por voluntarios y abierto solo con cita previa, lo que confiere a la visita un carácter exclusivo y muy entusiasta. La planta baja reúne mainframes y grandes ordenadores, mientras que la superior está dedicada a los primeros computadores personales, con piezas tan emblemáticas como el BeBox, el NeXTcube o el Apple Lisa. Entre las curiosidades se cuentan un Cray, un Intel Personal SuperComputer, la máquina de Singer Business Machines —la misma firma que fabrica máquinas de coser—, el Three Rivers PERQ, un monitor vectorial con la imagen de Snoopy y un Pac-Man en código ASCII. También se exhibe un ejemplar de Computer Lib/Dream Machines, el influyente libro de Ted Nelson, y el equipo que, según se afirma, inspiró el aspecto de los terminales de la serie Severance.
El segundo museo visitado es el National Museum of Toys and Miniatures, en Kansas City. Su planta superior recorre la historia de los juguetes y los juegos, y la inferior exhibe miniaturas: reproducciones a escala que deben respetar los materiales, los procesos de fabricación y la funcionalidad del original. La colección incluye tableros históricos de Clue, una Magnavox Odyssey —una de las primeras videoconsolas domésticas—, un contador Geiger de juguete y un Nauga de peluche, además de ejemplos de cómo la tecnología y la cultura —desde el Meccano de “Ingeniería para chicos” hasta el teléfono jugable The Sociable Telephone— han ido moldeando la noción de juego a lo largo del tiempo.
