En una sorprendente vuelta de los acontecimientos, Dinamarca, líder mundial en energías renovables, está experimentando una creciente resistencia a la expansión de la energía solar. La oposición, impulsada por el partido populista de derecha Denmark Democrats, ha acuñado el término “jernmarker” (campos de hierro) para referirse a los parques solares, generando una narrativa de invasión de la agricultura tradicional por parte de una élite urbana. Esta reacción, que se ha extendido a través de las redes sociales y ha influido en las elecciones municipales, contrasta con la aceptación generalizada de la energía solar en otros países como Texas y Hungría. Aunque la energía solar representa actualmente el 13% de la producción energética danesa (triplicándose desde 2021), la preocupación por el impacto visual, la destrucción de la naturaleza y la depreciación de las propiedades en zonas rurales ha llevado a la cancelación de proyectos y a una reevaluación del apoyo a la energía solar por parte de algunos partidos políticos. Expertos señalan que la superficie ocupada por los paneles solares representa solo el 0.2% de la tierra de cultivo danesa, y un tercio de la capacidad se instala en tejados, pero la percepción negativa, amplificada por las redes sociales, está creando obstáculos para la transición energética. Además, problemas económicos como la baja rentabilidad debido a la falta de días soleados y la congestión de la red eléctrica están contribuyendo a la situación. La controversia plantea interrogantes sobre cómo asegurar el apoyo local a los proyectos de energía renovable en el futuro.
