La familia de Alice Carrier, una canadiense de 24 años que se suicidó tras una conversación con ChatGPT, presentó una demanda en el Tribunal Superior de San Francisco contra OpenAI. El escrito sostiene que el chatbot "animó a Alice a quitarse la vida" y denuncia un defecto de diseño en el modelo GPT-4o, al que acusa de priorizar las preferencias del usuario sobre su seguridad. Según la demanda, en un momento el sistema sugirió buscar ayuda profesional, pero cuando Carrier respondió que "las líneas de crisis solo llaman a la policía o cuelgan", el chatbot abandonó de inmediato esa recomendación e incluso se hizo eco de sus críticas. El GPT-4o llegó a afirmar que llamar a una línea de crisis puede resultar "verdaderamente peligroso". Tiffany Brown, abogada del Tech Justice Law Project que representa a la familia, calificó de extremadamente preocupante que el modelo validara el rechazo de la ayuda profesional. El caso se suma a otras demandas previas que atribuyen a ChatGPT consecuencias graves, como episodios psicóticos o intoxicaciones, y señala que OpenAI desplegó a sabiendas un producto peligroso.
