Un emprendedor relata su experiencia al abandonar el registro horario de sus proyectos en 2026. Aunque ganó libertad para actuar sin fricción administrativa, perdió la capacidad de concentrarse en una sola tarea. Solía categorizar meticulosamente cada minuto entre trabajo con clientes, marca personal y proyectos paralelos, lo que generaba un coste mental y de tiempo al tener que decidir a qué categoría asignar cada actividad. Al eliminar ese paso, empezó a saltar constantemente entre ideas, especialmente al usar herramientas de desarrollo asistido por inteligencia artificial como Claude. Ahora siente que avanza mucho, pero termina el día mentalmente agotado y con la sensación de querer trabajar más. El texto se pregunta si la fricción previa era en realidad un mecanismo útil para mantener el foco y si la fragmentación actual es consecuencia del uso intensivo de IA o de un trastorno de atención preexistente. La reflexión no ofrece una respuesta definitiva, pero plantea un dilema común en entornos laborales modernos donde la productividad aparente choca con el bienestar mental.
