La promesa de una transformación económica mediante una inversión multimillonaria en inteligencia artificial se ha tornado en desconfianza en Newarthill, una localidad de Lanarkshire, al este de Glasgow. A finales de 2024, representantes de Oakes Energy Services visitaron puerta por puerta a los vecinos ofreciendo paneles solares gratuitos, plantación de árboles o dinero por sus propiedades a cambio de no oponerse al proyecto. Un año después, los residentes temen verse obligados a vender sus casas y perder zonas verdes sin que las 3.400 plazas de trabajo prometidas lleguen a materializarse.
El Gobierno británico designó Lanarkshire como enclave clave de su estrategia de IA y anunció una zona de crecimiento bautizada como «AI growth zone», que será desarrollada por la estadounidense CoreWeave y la escocesa DataVita. El proyecto contempla grandes edificios repletos de chips especializados para alimentar modelos de IA. El comunicado oficial inicial habló de un complejo con centros de datos, infraestructura de apoyo y un parque de renovables.
Una investigación del diario The Guardian revela contradicciones sustanciales. Gobierno y DataVita aseguraron en público que la energía proceder íntegramente de fuentes renovables «in situ»; al ser cuestionados, admitieron que el enclave se conectará a la red eléctrica nacional, ya muy exigida. DataVita afirmó que precisará 1 GW de potencia, lo que exigiría, según cálculos conservadores, unos 44 kilómetros cuadrados de terreno en las proximidades, de los que por ahora apenas controla una décima parte.
La cifra de 3.400 empleos procede, según una solicitud de información pública de la organización Action to Protect Rural Scotland, de estimaciones industriales para otro emplazamiento en Cambois (Northumberland), extrapoladas a la mayor superficie de Lanarkshire. El fondo comunitario anunciado de hasta 543 millones de libras no está dotado económicamente: se nutriría de los futuros ingresos de DataVita, si los genera.
