En octubre de 2018, Claire Stapleton, responsable de marketing en Google en Nueva York, creó un grupo interno de correo, el womens-walk, para canalizar el malestar acumulado por la gestión que la compañía hacía de las denuncias de acoso sexual. En apenas cinco días, ella y varias cientos de personas —la mayoría desconocidas entre sí— organizaron una huelga global para el 1 de noviembre, antes de las elecciones legislativas de Estados Unidos del 6 de noviembre, para no perder el impulso del momento.
El proyecto adoptó un modelo "hub and spoke" con responsables locales en cada oficina. La planificadora Tanuja se sumó como coordinadora; Amr, ingeniero con experiencia en sindicalismo en restaurantes y en causas activistas dentro de Google, aportó criterios de organización tradicional; y Meredith Whittaker, conocida por su oposición al proyecto Maven de IA para drones del Pentágono, sumó peso moral y músculo estratégico. El extracto describe cómo estas figuras —y decenas de empleadas anónimas que escribieron con sus nombres reales— articularon una acción colectiva sin precedentes en la empresa. El libro Don't Be Evil, del que procede el fragmento, reconstruye los entresijos de aquella semana y el contexto más amplio de disidencia interna en Google.
