Las compañías que alcanzan el éxito prolongado pueden sufrir un fenómeno equivalente a la ceguera del pez cavernícola mexicano (Astyanax mexicanus): conservan los genes y capacidades, pero dejan de expresarlos porque el entorno ya no los recompensa. El artículo articula esta analogía en cuatro movimientos. Primero, presenta el caso biológico: poblaciones superficiales y cavernícolas de la misma especie, con genomas casi idénticos, divergen porque en la cueva el programa de construcción del ojo activa apoptosis programada y la energía se redirige a olfato, alimentación y reservas de grasa. Segundo, traslada el mecanismo a las empresas: tras un crecimiento acelerado, las nuevas contrataciones solo conocen el estilo interno y seleccionan por afinidad con el desorden imperante; en pocos ciclos, la plantilla está compuesta por personas competentes que no perciben que algo falla. La ingeniería cuidadosa se vuelve un rasgo vestigial: quien insiste en expresarlo invierte energía en un órgano que la cueva no alimenta. Tercero, describe la respuesta típica: un centro de excelencia que, por su obsesión con el control, atrofia la motivación intrínseca y convierte la excelencia en un taller de procesos, plantillas y rituales obligatorios, suprimiendo así el rasgo que su nombre invoca. Por último, explica la estabilidad del fenómeno: cuando las barreras de entrada son altas, los incumbentes acumulan burocracia sin que ningún competidor los discipline, y los ingenieros con visión que llegan se van al detectar el retroceso; los que se quedan se adaptan a las presiones del entorno hasta confundir la adaptación con lealtad, en lo que el autor denomina una cuarta opción frente a las tres de Hirschman (salida, voz, lealtad). El texto cierra con una nota de esperanza evolutiva: como los genes del ojo permanecen en el pez cavernícola, la capacidad puede reactivarse si la persona cambia de aguas.
Cómo las empresas exitosas se quedan ciegas: una analogía evolutiva
Fuentes:
How Successful Companies Go Blind
