La psicóloga Montserrat Sanz García explica que la frustración aparece cuando la realidad no encaja con nuestras expectativas y funciona como un aviso que invita a "recalcular ruta". En una sociedad acostumbrada a la inmediatez, esta emoción se intensifica porque no se fomenta el esfuerzo ni la espera, lo que reduce la tolerancia a la frustración. Según una encuesta de Ipsos de 2022, uno de cada tres españoles se siente frustrado, y España es el segundo país del mundo con mayor sentimiento de frustración, solo por detrás de Alemania, un dato que los expertos atribuyen a la pandemia y a la inflación.
La especialista diferencia entre quienes sufren la frustración sin gestionarla y quienes saben canalizarla, y recuerda que se trata de una emoción "poco agradable" pero no negativa: indica que hay que replantear objetivos o cambiar de estrategia. Para convivir con ella sin que nos paralice, Sanz propone cuatro líneas de trabajo: sustituir el diálogo interno autocrítico por uno más amable, como el que tendríamos con un buen amigo; atender los aspectos psicofisiológicos con respiración diafragmática, visualizaciones positivas y técnicas de relajación; exponerse de forma gradual a pequeñas frustraciones cotidianas para entrenar la paciencia, por ejemplo posponiendo gratificaciones; y dividir los grandes objetivos en metas más pequeñas y alcanzables que refuercen la sensación de capacidad. Sanz subraya que la baja tolerancia a la frustración está detrás de gran parte de los problemas que llegan a la consulta psicológica.
