Cepillarse los dientes no consiste en arrastrar comida fuera de la boca, sino en retirar la placa bacteriana, esa película pegajosa que se adhiere a dientes y encías y que un enjuague no elimina. Para hacerlo bien hay que mover el cepillo desde la encía hacia el borde del diente, nunca en horizontal, y recorrer cada pieza sin prisa, como recuerda el odontólogo Juan Casado Adán. Tras el cepillado conviene escupir la pasta, pero no enjuagarse, para que el flúor no se vaya por el desagüe. La frecuencia mínima recomendada es dos veces al día: una antes de dormir, porque durante el sueño la boca produce menos saliva y se vuelve más propicia para las bacterias, y otra al levantarse, para renovar ese medio. Cepillarse después de comer suele ser buena idea porque retira residuos que alimentan a las bacterias, pero tiene excepciones: tras consumir bebidas ácidas, dulces o tras un vómito el esmalte está debilitado y cepillarse de inmediato puede dañarlo, según el enfermero Luis Cabezas Vallejo. En esos casos conviene esperar a que la saliva neutralice los ácidos. El punto de partida es un estudio de la Universidad de Gotemburgo de 2012 que concluía que solo uno de cada diez suecos se cepillaba correctamente, una cifra que, según la BBC, se sostiene en el mundo occidental pese a la abundancia de consejos contradictorios.
