En los primeros años ochenta, Atari fabricaba sus gabinetes de arcade mediante serigrafía, una técnica artesanal e industrial muy alejada de las impresoras digitales actuales. El proceso se documentó en 1982 durante la producción de 500 unidades del gabinete Quantum y consistía en estampar el arte directamente sobre los paneles laterales de madera, un color por pasada.
El método arrancaba en el estudio de diseño: los artistas descomponían la ilustración en capas de color independientes. Si un diseño empleaba azul claro, azul oscuro, rojo, amarillo y negro, se generaban cinco pantallas o marcos diferentes, cada una con el esténcil de un solo tono. Con el tiempo, Atari perfeccionó la técnica y logró colores secundarios, como el verde, superponiendo tintas. Cada pantalla era un marco rectangular con una malla tensada sobre la que se aplicaba una emulsión fotosensible. Para grabar el patrón, se colocaba encima un positivo fotográfico en acetato con la zona opaca correspondiente al color y se exponía a luz intensa: la emulsión iluminada se endurecía y la protegida por el acetato se lavaba, dejando un esténcil que solo dejaba pasar la tinta en la zona correcta.
En la línea de producción, un sistema semiautomático de cama plana situaba el panel bajo un cabezal, bajaba la pantalla y un operador extendía la tinta con una rasqueta de goma. La presión forzaba el paso de la tinta a través del esténcil hasta la madera y, tras elevar la pantalla, el panel avanzaba a la siguiente estación para añadir otro color. El secreto de un resultado nítido residía en el registro: cada pantalla debía alinearse con precisión milimétrica mediante pines, topes y guías, algo especialmente exigente en tiradas como la de Missile Command, que alcanzó 14.000 gabinetes y obligó a imprimir 28.000 paneles.
La calidad y viveza del arte original de Atari se explica porque la serigrafía deposita capas de tinta gruesas y opacas, no puntos diminutos como la inyección de tinta. Cada color se aplicaba como una capa sólida, generando una riqueza cromática difícil de reproducir. Más de cuarenta años después, aquellos gabinetes siguen siendo piezas industriales de arte gráfico, producidas con oficio, precisión y una notable dosis de habilidad manual.
