Ricardo J. Caballero (MIT y NBER) publica un trabajo de investigación que propone una tercera lectura de las elevadas valoraciones de las empresas de inteligencia artificial, más allá del dilema clásico entre fundamentos sólidos y burbuja. El artículo sostiene que una sobrevaloración temporal puede dejar un legado real permanente cuando el capital financiado durante el boom desplaza la economía hacia un estado estacionario de alto capital que se autoperpetúa.
El mecanismo se apoya en tres pilares. Primero, la tecnología: el capital de IA sustituye tareas antes realizadas por trabajo, expande la capacidad productiva y concentra la renta en los propietarios del capital, cuyo mayor ahorro reduce el tipo de interés en el largo plazo. Segundo, el aprendizaje bayesiano: los inversores perciben temporalmente un exceso de rendimiento, elevan la valoración y aceleran la inversión mientras el tipo de interés sube durante la transición. Tercero, la fragilidad del resultado: si la corrección de las creencias llega antes de que se acumule suficiente capital, la economía vuelve al estado de bajo capital; si llega después, el legado permanece con salarios reales más altos para los trabajadores, aunque su cuota sobre la renta caiga.
El trabajo distingue explícitamente tres cuestiones que suelen confundirse: si la tecnología es productiva, si las valoraciones峰值 son sostenibles y si el capital instalado durante el auge se mantiene. Caballero argumenta que las tres pueden resolverse de forma independiente: la tecnología puede ser real, las valoraciones pueden corregirse y, aun así, el capital construido durante la fiebre inversora puede留下来 como parte de la economía futura. Los capitalistas que financian el boom asumen la exposición a la corrección de precios y comprimen su consumo para sostener la inversión.
