Cinco pozas naturales de Cantabria para refrescarse sin ir a la playa

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Cantabria, conocida por sus 284 kilómetros de litoral, ofrece en su interior una alternativa de baño alejada de las playas concurridas: pozas naturales formadas por ríos entre valles, bosques y desfiladeros. El artículo recorre cinco enclaves singulares del interior de la comunidad donde el visitante puede refrescarse en plena naturaleza.

El primero es Lamiña, en el municipio de Ruente, un pueblo medieval del valle del Saja cuyo arroyo Barcenillas forma una sucesión de cascadas y pozas a lo largo de una ruta sencilla de baja dificultad, muy popular entre senderistas y bañistas en verano. A continuación, la poza de Viaña, en Cabuérniga, está protegida como Reserva Natural Fluvial y constituye uno de los ejemplos más relevantes de paisaje fluvial de Cantabria, con un ecosistema de alisos, sauces y avellanos prácticamente intacto.

En el desfiladero de La Hermida —uno de los más largos de España, con desniveles de hasta 600 metros— brotan a los pies del balneario unas aguas mineromedicinales declaradas de utilidad pública a principios del siglo XX, de libre acceso y mezcladas con la corriente del río Deva. La Fuente del Francés, junto al río Aguanaz a la altura de Hoznayo, tiene origen en un manantial ligado a la figura de un abate francés llegado a finales del siglo XVIII; dio lugar al balneario impulsado en 1870 por Genaro Cagigal Toca y comercializado como Aguas de Hoznayo hasta los años ochenta. El texto recuerda que estos entornos carecen de vigilancia, pueden presentar variaciones de caudal y profundidad y exigen una visita responsable para preservar su estado.