El Sol, como toda estrella, agotará su hidrógeno y se convertirá en una gigante roja dentro de unos 5.000 millones de años, un proceso que arrasará los planetas internos del Sistema Solar. Aunque la peor parte no llegará hasta dentro de 1.000 millones de años, el investigador independiente Gabriel Harry ha publicado un artículo en arXiv con tres estrategias teóricas para alargar la habitabilidad terrestre.
La primera consiste en ralentizar la fusión nuclear del Sol mediante un enjambre de Dyson, una flota de paneles solares y espejos que arrancaría masa de la fotosfera excitando sus partículas hasta superar la velocidad de escape. Este proceso duraría 400 millones de años, pero mantendría la Tierra en la zona habitable durante 7.500 millones de años adicionales.
La segunda opción plantea colocar sombrillas gigantes en el punto de Lagrange L1, entre el Sol y la Tierra, ancladas con energía procedente de reactores de fusión instalados en Júpiter o Saturno.
La tercera, la más ambiciosa, propone mover la Tierra progresivamente desviando asteroides del cinturón de Kuiper con pasadas gravitatorias o disparando un haz constante de partículas al espacio, un procedimiento que requeriría 100 millones de años de antelación.
El artículo reconoce que, con la tecnología actual, estas ideas pertenecen al terreno de la ciencia ficción. El propio autor subraya que lo más urgente no es prepararse para la muerte del Sol, sino frenar el cambio climático, que amenaza la habitabilidad del planeta mucho antes.
