Un equipo de la Universidad de Delaware envió muestras de su cemento lunar a la Estación Espacial Internacional (EEI) para comprobar cómo resistían las condiciones del espacio. Tras seis meses en el exterior del complejo orbital, las muestras volvieron a la Tierra sin perder resistencia y, en algunos casos, incluso más fuertes que las muestras idénticas que se habían mantenido en el planeta.
El material es un geopolímero elaborado a partir de regolito lunar y marciano simulado, mezclado con una cantidad mínima de aditivos que polimerizan sin necesidad del calentamiento extremo que requiere el cemento convencional. Los científicos también han desarrollado un algoritmo de inteligencia artificial capaz de predecir la resistencia final del material según el tipo de regolito empleado como materia prima, lo que permite seleccionar las mejores combinaciones para fabricar cemento in situ.
Además, el estudio detalla que el llamado punto crítico del gel, el momento en que la suspensión pasa a estructura sólida, no restringe el proceso: mezclar antes de ese punto no altera ni el tiempo de endurecimiento ni la resistencia final, lo que aporta flexibilidad para producir estos materiales en un entorno tan exigente como la Luna. Los resultados se recogen en dos publicaciones separadas en ScienceDirect.
