Un estudio publicado en PLOS One revela que los capuchinos barbados del noreste de Brasil cazan activamente pequeños vertebrados cuando la disponibilidad de frutas y plantas disminuye. Durante más de 5.000 horas de observación entre 2006 y 2010, los investigadores registraron 446 instancias en las que estos primates consumieron presas como serpientes, iguanas, roedores y murciélagos. Este comportamiento se intensifica durante las estaciones secas, cuando la comida vegetal escasea, lo que sugiere una estrategia de supervivencia ante la fluctuación estacional de los recursos.
Los autores del estudio, incluyendo a Susana Carvalho y Noemi Spagnoletti, proponen que este patrón podría ofrecer claves sobre la evolución de la dieta humana. La hipótesis indica que los homininos ancestrales podrían haber comenzado a cazar presas pequeñas en épocas de escasez vegetal antes de desarrollar habilidades para cazar animales más grandes. Esta transición habría permitido una mayor ingesta de grasas y nutrientes ricos, favoreciendo la selección natural de comportamientos depredadores en nuestra línea evolutiva. Aunque los capuchinos no son parientes cercanos directos de los humanos, su adaptabilidad y uso de herramientas hacen que su comportamiento sea un modelo útil para entender las posibles etapas intermedias en el desarrollo del consumo de carne por parte de nuestros antepasados.
