Canadá impondrá aranceles "dólar por dólar" a EE. UU. tras el fracaso de las negociaciones comerciales

Fuentes: Canada to impose "dollar for dollar" tariffs on US after trade talks collapseT1state_media, pm.gc.ca

Canadá impondrá aranceles "dólar por dólar" a Estados Unidos tras la suspensión de las negociaciones comerciales bilaterales, después de que un cambio de última hora en las condiciones propuestas por Washington fuera considerado "injusto y no económico" por Ottawa. La decisión, anunciada el viernes por la noche por el primer ministro canadiense Mark Carney, marca un giro significativo en una relación comercial que durante décadas se había regido por la integración económica bajo el T-MEC.

Las nuevas tarifas estadounidenses del 50%, basadas en la Ley Arancelaria de 1930 —una legislación de la era de la Gran Depresión— entraron en vigor a la medianoche del sábado y afectan a aproximadamente 28.000 millones de dólares canadienses en productos, entre los que se incluyen vino, lácteos, cemento, ropa y equipamiento de hockey. Estas se suman a los aranceles ya vigentes sobre el acero, el aluminio, los automóviles y la madera canadienses.

Carney explicó que, aunque se habían logrado "avances importantes" en las conversaciones iniciadas en julio tras la amenaza del presidente Donald Trump de imponer una tarifa del 50% sobre cerca de 20.000 millones de dólares en importaciones canadienses, el resultado fue "insuficiente para cumplir nuestros objetivos para los canadienses". El primer ministro canadiense acusó a Estados Unidos de introducir modificaciones de último momento que "cuestionaron la fiabilidad de cualquier acuerdo".

En contraste, el representante comercial estadounidense Jamieson Greer afirmó que "Canadá declinó finalizar el acuerdo comercial en los términos acordados a principios de esta semana" y sostuvo que "nuevas exigencias y retrocesos en otros compromisos por parte de Canadá han trastocado el delicado equilibrio alcanzado en los últimos días". Esta contradicción entre ambas partes refleja la fragilidad del proceso negociador, que durante la semana había generado optimismo en ambos lados de la frontera.

Según reportes previos, los negociadores discutían una posible reducción de los aranceles estadounidenses sobre el acero y aluminio canadienses del 50% al 25%, y sobre los automóviles del 25% al 15%. A cambio, Carney había solicitado a las provincias canadienses que restituyeran las bebidas alcohólicas estadounidenses en las estanterías de las tiendas, después de que la mayoría de las provincias prohibieran su venta el año pasado en represalia por los aranceles de Trump.

Por su parte, Estados Unidos exigía concesiones como la eliminación de los aranceles retaliatorios canadienses sobre automóviles estadounidenses y ajustes en las cuotas lácteas para permitir mayor acceso a los productores de queso norteamericanos. Carney dejó claro que el objetivo canadiense nunca fue "un acuerdo a cualquier precio o en cualquier plazo".

La Cámara de Comercio de Estados Unidos advirtió que "aranceles más altos dañarían ambas economías, incrementarían los costos para las familias estadounidenses, perturbarían cadenas de suministro críticas y pondrían en riesgo los 13 millones de empleos estadounidenses que dependen del comercio bajo el T-MEC". Una encuesta de la firma canadiense Abacus Data reveló que alrededor del 36% de los canadienses apoyarían la retaliación, mientras que el 30% preferiría que el gobierno de Carney continuara negociando.

Greer advirtió que Washington "no tolerará" los aranceles contrarios y que tomaría represalias, lo que sugiere una escalada adicional en la disputa. Carney, sin embargo, aseguró que su gobierno introducirá "medidas adicionales" para apoyar a trabajadores y empresas en los próximos días, sumándose a los cerca de 25.000 millones de dólares en apoyo proporcionados durante los últimos 18 meses.

En un tono claramente autonomista, Carney destacó que Canadá avanza en casi 500.000 millones de dólares en proyectos de infraestructura, que duplicará el acceso a mercados de exportación mediante acuerdos comerciales que ya cubren a 1.500 millones de consumidores, y que la economía canadiense está creando empleo a cuatro veces la tasa estadounidense. "Canadá tiene lo que el mundo quiere. Y no permitiremos que ninguna nación determine nuestro futuro", concluyó el primer ministro, anticipando una etapa de mayor diversificación comercial y reducción de la dependencia respecto a su vecino del sur.