Un ingeniero de FlutterFlow relata cómo construyó Campus, un canvas 2D infinito en el que cada elemento —terminales, navegadores, aplicaciones en ejecución, agentes de código y activos— no es una imagen o un enlace, sino el recurso real funcionando sobre la máquina del usuario. La motivación es el coste cognitivo del cambio de contexto en el desarrollo con agentes: al pasar de pestañas a un espacio espacial donde lo relacionado está físicamente cerca, retomar una tarea deja de ser una carga.
La idea pasó por varios prototipos: primero agentes dentro de Minecraft para explorar el trabajo en un espacio 3D compartido; luego una versión en Three.js que provocaba mareos al volar y mirar alrededor. Tras la sugerencia de un cofundador de apostar por 2D, el equipo creó en Flutter un prototipo que se adoptó de inmediato y acabó convirtiéndose en producto.
Campus se diferencia de Miro, FigJam u Obsidian Canvas en que cada tile es el objeto real (una terminal viva, un build en ejecución) y no una representación. Incorpora además funciones multijugador opt-in con una arquitectura híbrida: el cómputo ocurre en el equipo de cada usuario y solo se comparten activos y eventos a través de un servidor ligero de fanout, identificado por hash. El artículo anuncia que el producto es gratuito y está disponible para macOS, y adelanta la futura integración de NAS personalizados y un sistema de plugins.
