Cada vez que abrimos una conversación con un asistente de inteligencia artificial, solemos repetir las mismas instrucciones: que sea conciso, riguroso, que no se invente datos, que no nos dé la razón por simple cortesía. Esa repetición es innecesaria. Las principales IA conversacionales —ChatGPT, Claude y otras— disponen de sistemas de instrucciones persistentes que permiten fijar de antemano quién es el usuario y cómo debe responder el modelo.
Un buen prompt puntual indica a la IA qué tiene que hacer en una tarea concreta. Un buen prompt persistente, en cambio, le explica cómo debe trabajar con nosotros en cualquier conversación. Por eso conviene incluir solo información estable: profesión, formación técnica, intereses, idiomas o alergias son datos que probablemente no cambian y que sí condicionan las respuestas.
La parte más importante del prompt es, sin embargo, la que define el estilo de respuesta: nivel de concisión, exigencia de rigor, preferencia por fuentes reputadas y prohibición de redundancias. También resulta clave enseñar al modelo a gestionar la incertidumbre, pidiéndole que formule preguntas adicionales cuando le falte información o que señale sus propias dudas en lugar de presentar como hechos irrefutables lo que no puede verificar.
En ChatGPT estas indicaciones se introducen en Configuración > Personalización > Instrucciones personalizadas, mientras que en Claude se encuentran en Preferencias de perfil. Ambas plataformas disponen además de sistemas de memoria que permiten añadir datos sobre la marcha. Un prompt persistente bien diseñado evita tener que negociar desde cero con la IA cada vez que se abre un nuevo chat.
