Big Walk, el nuevo juego de House House, recuerda a un Breath of the Wild cooperativo
House House, el estudio independiente australiano responsable del fenómeno viral Untitled Goose Game (2019), vuelve a la carga con Big Walk, una propuesta radicalmente distinta que abandona el humor de su juego anterior para abrazar la exploración cooperativa en un vasto mundo abierto. El título, que se lanzará el próximo 4 de agosto en Nintendo Switch 2, PS5 y Steam, ya está generando comparaciones con The Legend of Zelda: Breath of the Wild, aunque con un giro fundamental: la aventura se vive en compañía.
Lejos de encarnar a un ganso travieso, los jugadores asumen el control de unas curiosas esferas con brazos y piernas —descritas por The Guardian como «una especie de pájaro humanoide con ojos saltones y extremidades larguiruchas, como un Pingu dibujado por Mondrian»— cuya misión es recorrer una isla australiana de estética onírica y resolver puzzles cooperativos. El objetivo principal consiste en recolectar unas esferas rojas denominadas «nubbins» que, una vez reunidas en cantidad suficiente, permiten desbloquear infraestructuras como un tren de juguete.
Una de las características más distintivas del juego es su apuesta por la comunicación entre jugadores. Big Walk prescinde de instrucciones explícitas: no hay mapas, ni indicadores de objetivo ni flechas doradas que guíen al jugador. En su lugar, el título utiliza un sistema de chat por proximidad, tanto de voz como de texto, que obliga a los participantes a coordinarse verbalmente para avanzar. Esta mecánica, señalan ambos medios, genera momentos de tensión genuina cuando los jugadores son separados por el diseño del propio juego y pierden la capacidad de comunicarse directamente.
El mundo de Big Walk destaca por su ambientación: atardeceres radiantes sobre olas, valles de matorrales australianos y edificaciones modernistas enclavadas en riscos escarpados componen un escenario que The Guardian califica de «sueño arquitectónico trasplantado a un hermoso paisaje australiano». La oscuridad de la noche añade una capa adicional de dificultad, obligando a los jugadores a usar linternas y mantenerse cerca unos de otros.
Sin embargo, no todo son elogios. The Verge señala que el juego puede resultar tedioso en sus tramos de caminata pura, sin acción ni puzzles a la vista, lo que provoca que algunos jugadores —especialmente aquellos con poco tiempo libre— pierdan interés en sesiones largas. The Guardian coincide en este punto: «el caminar es la parte menos interesante de Big Walk» y el retroceso constante por zonas ya visitadas puede desgastar la experiencia. Además, el personaje tiene un repertorio de acciones muy limitado —apuntar, saltar y sostener objetos—, lo que dificulta la expresión dentro del juego, aunque ambos testimonios destacan momentos entrañables en los que los jugadores logran comunicarse a base de creativity pura, desde intercambiar «choca esos cinco» y abrazos hasta señalarse mutuamente con lámparas intermitentes a distancia.
Las comparaciones con Breath of the Wild no son casuales. Ambos juegos comparten una filosofía de descubrimiento no dirigido: el jugador nunca sabe con certeza qué encontrará tras la próxima colina, ya sea un nuevo landmark, una torre o un puzzle cooperativo que escalar. The Verge, tras más de 13 horas de juego en pareja, destaca que esta estructura convierte cada sesión en una pequeña aventura, mientras que The Guardian subraya cómo los momentos de silencio y contemplación pueden resultar tan gratificantes como la resolución de los acertijos más complejos.
Big Walk admite partidas de entre dos y cuatro jugadores para los puzzles, aunque hasta doce personas pueden coincidir simultáneamente en el mismo mundo. Esta flexibilidad invita tanto a sesiones íntimas como a reuniones caóticas de exploración. Los testers de ambos medios coinciden en que el juego funciona especialmente bien como excusa para conectar con otra persona: hablar sobre el día a día mientras se camina, celebrar juntos la resolución de un puzzle o simplemente perderse juntos en la wilderness digital.
Con un lanzamiento multiplataforma previsto para el 4 de agosto, Big Walk representa una apuesta arriesgada pero coherente con el estilo de House House: un juego que entiende el valor del silencio, la comunicación y el descubrimiento compartido. Si Untitled Goose Game era una comedia de slapstick, Big Walk es su contrapunto contemplativo, una carta de amor a la exploración cooperativa que podría consolidarse como uno de los títulos más singulares del año.
