Las baterías de sodio-ion están entrando en la fase de producción comercial y se posicionan como una alternativa viable a las de litio, impulsadas por la diversificación de la cadena de suministro y un rendimiento superior en bajas temperaturas. Según un análisis de Wood Mackenzie, los acuerdos de suministro ya cubren más de 70 GWh en mercados clave como China, Estados Unidos, Alemania e India. La empresa estima que los fabricantes alcanzarán la paridad de costes por celda con las baterías de fosfato de hierro y litio (LFP) a finales de 2026, aunque la paridad a nivel de sistema no se materializará hasta después de 2030.
China lidera la comercialización, con BYD planeando 30 GWh de capacidad y CATL superando 1 GWh en envíos para 2026. Aunque los costes iniciales de las baterías de sodio son superiores (229 dólares/kWh frente a los 200 dólares/kWh del LFP), Wood Mackenzie proyecta una reducción del 21% en el coste total de propiedad durante una vida útil de 20 años, gracias a menores costes operativos y la eliminación de ciclos de expansión de capacidad. La tecnología ofrece ventajas técnicas como una mayor seguridad en la cadena de suministro de materias primas y una vida útil más larga. Las políticas regulatorias, como la exención fiscal china para el sodio hasta 2028 y los créditos fiscales de EE. UU. bajo la Ley de Reducción de la Inflación, aceleran su adopción. Para proyectos de almacenamiento de 2 a 4 horas, el LFP sigue siendo la opción más madura comercialmente, pero el sodio-ion muestra un potencial de competitividad económica decisiva en la década de 2030.
