Un desarrollador de herramientas comparte su experiencia al aplicar una regla sencilla heredada de un amigo emprendedor: «no hagas nada tres veces». Si una tarea aparece más de dos veces, hay que automatizarla. Aunque ya había automatizado el 95% de sus tareas de programación, descubrió que aún quedaba mucho por delegar.
El proceso reveló una paradoja: al automatizar las partes laboriosas, las tareas menores que quedaban —el «trabajo de pega» que apenas se notaba— se multiplicaron hasta convertirse en una parte sustancial del día. La consecuencia fue un aumento del cambio de contexto y de los errores, al pasar a coordinar varios agentes en paralelo.
El autor recomienda un enfoque minimalista con el CLI de Copilot: lanzar la automatización con instrucciones breves, sin escribir especificaciones detalladas, y dejar que el modelo itere corrigiendo sus propios fallos. Otra clave es pedir al agente que genere «skills» reutilizables —no simples scripts— para que sepa cuándo y cómo aplicarlos por sí solo, sin intervención manual.
La automatización, concluye, no solo acelera el trabajo sino que transforma la manera de trabajar. Inspirado por el proyecto «autoresearch» de Andrej Karpathy, plantea incluso dejar que la propia IA proponga nuevos parámetros de optimización a partir de los registros de uso. El artículo, advierte, fue escrito por una persona.
