El argentino Juan Cereigido y su socio Gaspar Habif crearon Ato, un dispositivo de inteligencia artificial sin pantalla dirigido a personas mayores que nunca se adaptaron al smartphone. La idea surgió para que Roberto Cereigido, abuelo de Juan y conocido como "Ato", pudiera comunicarse mediante voz sin aprender a manejar aplicaciones. Un vídeo en redes sociales del abuelo usando el prototipo disparó la demanda y los fundadores redirigieron su trabajo, con el apoyo del empresario Mario Pergolini y la selección en un programa de aceleración en Silicon Valley.
El dispositivo prescinde de pantalla y solo incorpora una rueda de volumen y un botón físico para iniciar la conversación; funciona con Wi-Fi y se configura con un formulario familiar que personaliza las respuestas. Entre sus funciones están mantener conversaciones, ofrecer información meteorológica, reproducir música o radio, recordar la medicación y proponer temas tras periodos de inactividad. Sus creadores subrayan que no almacena conversaciones y que no sustituye a familiares ni cuidadores, sino que actúa como compañía adicional.
Tras probarse en cientos de unidades en Argentina, Estados Unidos, España y México, la versión comercial se vende en la web oficial a 179 dólares, con suscripción mensual de 29 dólares o pack de 399 dólares con doce meses incluidos. Opera en más de 50 idiomas y, sin suscripción, mantiene un tiempo gratuito limitado y funciones básicas.
