ASML es la única empresa del mundo capaz de fabricar las máquinas de litografía EUV de 13,5 nanómetros con las que se producen todos los chips avanzados del planeta, desde los procesadores de teléfonos móviles hasta los que entrenan modelos de inteligencia artificial o guían misiles. No existe un segundo proveedor viable: si la compañía neerlandesa dejara de vender mañana, la frontera tecnológica de los semiconductores se detendría. Este artículo reconstruye el trayecto que llevó a ASML desde un arranque precario en 1984 —una joint venture entre Philips y ASM International que estuvo a punto de quebrar varias veces— hasta su posición actual de monopolio estructural.
La clave estuvo en varias decisiones tempranas. Frente a Nikon y Canon, que apostaron por la integración vertical y la fabricación propia de ópticas, ASML optó por un modelo de coordinación: coordina hoy a 5.100 proveedores y se reserva el papel decisivo de arquitectura del sistema, software e interfaces. El lanzamiento del escáner PAS 5500 en 1991 marcó el primer gran punto de inflexión: más del 90% de las unidades fabricadas seguían operativas treinta años después. Después llegaron la plataforma TWINSCAN, la litografía DUV por inmersión y una serie de adquisiciones estratégicas —Silicon Valley Group, Brion, Cymer, HMI, Berliner Glas y una participación del 24,9% en Carl Zeiss SMT— para cerrar sucesivamente los cuatros cuellos de botella técnicos del EUV: fuente de luz, óptica reflectiva, máscara y metrología nanométrica.
En 2012, Intel, TSMC y Samsung coinvirtieron en el programa EUV de ASML, atando su propia hoja de ruta al éxito de esa tecnología. Cuando EUV funcionó, ninguno podía abandonarla. Esa jugada —convertir al cliente en socio estructural— es la barrera de entrada real que mantiene a la competencia fuera del mercado.
